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martes, 19 de enero de 2010

20 de Enero- San Sebastián


Aprovechando su festividad, os hablaré de este gran mártir. Nacido seguramente en la ciudad de Narbona sobre el año 263, Sebastián era hijo de familia militar y noble. Fue tribuno de la primera cohorte de la guardia pretoriana, y era muy apreciado por el emperador, que desconocía su condición de cristiano. Fue a partir del encarcelamiento de dos jóvenes cristianos cuándo comenzó a ser pública su fe cristiana. A Marco y Marceliano, que así se llamaban los dos jóvenes, se les concedió un plazo de treinta días para renegar del cristianismo y hacer ofrendas a los dioses paganos. Sebastián acudía a la prisión para animarlos hasta que fueron martirizados. El emperador romano, Diocleciano, cuándo supo que Sebastián era también cristiano, mandó arrestarlo. Sebastián fue apresado en el momento en que ayudaba a enterrar a otros cuatro mártires cristianos, conocidos cómo "los Cuatro Coronados". Cuándo compareció ante Diocleciano, este le dijo; "te he tenido siempre entre los mejores a mi servicio, y tu has obrado en la sombra contra mi, injuriando a los dioses".

San Sebastián reafirmó ante Diocleciano su fe en Cristo, a lo que este lo condenó a ser asaeteado en zonas no vitales del cuerpo, con el objetivo de procurarle una muerte lenta y dolorosa. Cumpliendo la orden del emperador, Sebastián fue atado a un árbol y sometido a una lluvia de flechas, abandonándolo para que muriese lentamente. Un grupo de cristianos que habían seguido la ejecución ocultos se acercaron y vieron que Sebastián seguía con vida. Lo desataron y lo llevaron a casa de una cristiana llamada Irene, la cual le curó las heridas y lo ocultó.
Cuándo Sebastián estuvo restablecido, sus amigos le aconsejaron que abandonase Roma, a lo que se negó, presentándose, en cambio, de nuevo ante Diocleciano, que quedó sorprendido al creerlo muerto. De nuevo apresado, esta vez fue condenado a morir azotado.

El cuerpo de San Sebastián fue recogido por los cristianos y sepultado en un cementerio subterráneo de la Vía Apia romana, el cual es conocido hoy cómo Catacumbas de S. Sebastián, tal y cómo recoge la Depositio Martyrum, o deposición de los mártires de la Iglesia Romana.

En la epidemia de peste del año 680 fue invocado en Roma cómo protector, tras lo cual la Iglesia lo consideró especial abogado contra dicha enfermedad. San Ambrosio, en el siglo IV, nos da un testimonio sobre él: "Aprovechemos el ejemplo del mártir San Sebastián, cuya fiesta celebramos hoy. Marchó a Roma en tiempo en que la Fe sufría allí persecución tremenda. Allí padeció, es decir, allí fue coronado".

San Sebastián se convirtió en un santo grandemente venerado, acogiéndose a su patronazgo no pocas villas y ciudades, y edificando templos y ermitas en su honor otras muchas.

Por cierto, la fotografía es de la preciosa imagen de San Sebastián que se venera en uno de los retablos laterales de la iglesia del mismo nombre de Antequera.

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